O’Flaherty (Agencia de Derechos de UE): “Europa no es un paraíso de los derechos humanos”

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Viena (EuroEFE).- Discriminación, racismo, desigualdad, pobreza infantil. La Unión Europea (UE) es todavía escenario de graves violaciones de derechos fundamentales, una situación agravada por el auge de los ultranacionalismos y la pérdida de valores éticos y morales.

Ese es el panorama que describe Michael O’Flaherty, director de la Agencia de Derechos Fundamentales (FRA) de la UE, a la luz del informe correspondiente sobre la situación en 2018, que la institución ha publicado recientemente.

En una entrevista con Efe en Viena, donde la FRA tiene su sede, O’Flaherty advierte de que la UE no es el paraíso en materia de derechos humanos que muchos piensan, que la desigualdad es uno de los principales retos y que hay que actuar con más contundencia contra los políticos que propagan el odio y las mentiras.

Pregunta: Al presentar el informe, usted dijo que las desigualdades, el acoso y los prejuicios siguen creciendo en la UE y que, le cito, “están saltando las alarmas”. En la UE tenemos las leyes, las normas, las instituciones democráticas. ¿Qué está fallando para que aún quede tanto por hacer?

Respuesta: Tenemos algunos problemas graves y hay que ponerles cara. Hablamos de los judíos de Europa, muchos de los cuales nos dicen que tienen miedo y que piensan en marcharse, algo que encuentro inaceptable en la Europa moderna. La situación de los musulmanes, incluidos los inmigrantes. Seis personas al día que tratan de llegar a Europa ahogándose en el Mediterráneo en 2018. La situación de los gitanos: desigualdad, privaciones, marginación; es un escándalo de dimensiones globales.

¿Alguna vez cambia algo? Sí, en 2018 vimos las bases de algunos avances reales. Y cuando bajamos a lo local, vemos más y más buenas prácticas que refuerzan el respeto a los derechos humanos. Hay también señales de esperanza. Pero no deberíamos apartarnos del hecho de que, ahora mismo, no estamos en una buena posición.

P: Pero, pese a todos esos problemas, ¿es Europa aún un paraíso de los derechos humanos, comparado con otras regiones del mundo? ¿O es eso lo que pensamos?

R: Entonces estamos engañándonos a nosotros mismos. Europa no es un paraíso para los derechos humanos. Sí, es la parte del mundo que tiene la mejor protección de derechos humanos. Pero eso no es lo mismo que una persona disfrute todas esas libertades en su día a día. Tenemos mucho camino que recorrer, igual que otras partes del mundo. Europa no es única y distinta, separada y diferente. Es parte del mundo y comparte los mismos problemas. Algunos de esos problemas son peores en Europa que en otras partes. Tenemos que mirar al futuro con genuina humildad.

P: ¿Diría usted que ha habido una marcha atrás en la lucha por los derechos fundamentales o, al menos, que estamos avanzando más lentamente que hace cinco o diez años?

R: Sí, lo diría. Solíamos tener graves pautas de abuso de los derechos humanos, algo que nunca ha sido aceptable. Pero se aceptaba el sistema. Hoy día, hay cada vez más gente en altos puestos políticos que están repudiando lo más básico, las leyes, los tratados, los compromisos, diciendo que no es lo que necesitamos para que Europa avance. Esa es la diferencia, y tenemos que resistirnos con fuerza.

Tenemos que insistir en el cumplimiento legal, que la gente rinda cuenta cuando vulneran o abandonan la ley. Parte del populismo estos días es contar mentiras sobre los migrantes, sobre los gitanos, sobre la gente en los márgenes de nuestra sociedad. Todos aquellos que están comprometidos con los derechos humanos debemos confrontar cada mentira con la verdad.

P: ¿Cuándo fue el momento de cambio en esa tendencia?

R: No puedo identificar un mes de un año. Ha habido una suma de tendencias inquietantes que nos han conducido a esto. Y, en un determinado momento, y esto es muy importante, perdimos la buena voluntad de nuestras poblaciones, de la persona común, que olvidó ver que los derechos humanos también lo son para él y para su familia, y piensa que es solo para la gente en los márgenes. Si es así como la gente percibe los derechos humanos, tenemos un problema. Para salvar el sistema que hemos construido desde la II Guerra Mundial, para garantizar la civilización, tenemos que cumplir con todos: nuestros vecinos y quienes han llegado recientemente a nuestra comunidades.

P: ¿Hasta qué punto ha afectado el auge de la ultraderecha, de los populismos, del ultranacionalismo, a la lucha por los derechos humanos?

R: Por supuesto que no ha ayudado. Pero los derechos humanos no son un programa político. Son apolíticos, da igual qué partido gobierne en qué país. El compromiso con los derechos recogido en los tratados se mantiene tan válido como siempre. Cuando un político, sin importar cuántos votos recibe, dice algo que constituye un acto de discurso de odio, tiene que ser procesado por ello.

Tenemos democracias robustas, tenemos sociedades estables que pueden volcar toda la fuerza de la ley para ocuparse de las violaciones. Quiero ver más persecución judicial de delitos de odio, quiero ver que se pida cuentas a la gente cuando hablan de los gitanos como si fueran menos que humanos.

P: Teme que en las nuevas instituciones europeas, tras las elecciones, el retroceso en los derechos empeoren al tener esos partidos más poder.

R: Francamente, no lo sé. Pero no estoy tremendamente desalentado porque el voto muestra también una gran diversidad en el Parlamento (Europeo). Hay una fuerte representación, por ejemplo, de Los Verdes. Hay mucha gente llegando al Parlamento con una fuerte posición en derechos humanos. Y, por mi experiencia con el anterior Parlamento, podemos trabajar con todos los principales grupos políticos, y tengo la expectativa de que este va a ser el caso.

P: Tendemos a culpar a los partidos ultras, o a los políticos en general. Pero, qué ocurre con el ciudadano. Cuatro de cada diez ciudadanos de la UE ven la migración como un problema, hay gente que considera a sus vecinos gitanos ciudadanos de segunda y muchos votan a los partidos populistas. ¿Cree que los europeos nos hemos vuelto más intolerantes?

R: No empezaría por ahí. La gente está muy influida por lo que se le dice y lo que experimenta. Si vives en una Europa desigual, si eres la segunda generación en tu familia que no puedes encontrar un trabajo, no sorprende que estés enfadado. Si no puedes alimentar a tus hijos por la noche o tienes que elegir entre comida y ropa para tus niños, como es el caso en algunos sitios en Europa, te vas a enfadar y vas a reflejar ese enfado en tu voto.

Necesitamos una Europa más igualitaria, no culpar a las personas sino a nuestras estructuras, al sistema y a la forma en la que distribuimos la riqueza. No culpamos a la gente por no fiarse de los migrantes, si están oyendo continuamente mentiras, mensajes ridículamente exagerados sobre cuánta gente está llegando, mentiras sobre que los migrantes traen violencia sexual a Europa.

Necesitamos una discusión en nuestra sociedad sobre ética, sobre valores, el código de normas con el que tomamos nuestras decisiones morales. No vemos suficiente de esto, está cayéndose del programa educativo en muchos colegios.

P: ¿Es más importante la aplicación de las leyes o la información y la educación?

R: Hacen falta la dos, pero a veces se ha desatendido la parte de la educación. Es urgentemente importante, especialmente hoy en Europa, donde, como he dicho, vemos la educación ética, cívica, alejándose de muchos colegios en muchas partes.

P: Entre todos los desafíos en materia de derechos humanos, ¿cuál es el más relevante para la UE?

R: Siempre encuentro difícil ordenar los problemas de derechos humanos, porque se puede sugerir que un sufrimiento tiene más valor que otro, y eso no ayuda. Hay temas que me mantienen despierto ahora, que pienso debemos afrontar si queremos avanzar. El primero es la desigualdad. Si eres un niño en Bulgaria, tienes como ocho veces más probabilidades de irte con hambre a la cama que si eres un niño en Dinamarca. Eso no es aceptable.

Tenemos de verdad que invertir en igualdad. Y está pasando. La UE se está poniendo cada vez más seria con esto, con alguna iniciativas en 2018 y que se extienden hasta 2019 y 2020.

El segundo (desafío) es la situación de los seis millones de gitanos en la UE, una enorme minoría cuyas experiencia vitales son totalmente espantosas, peor aún si eres una mujer. (El problema) es de una escala tal, que nuestra continua tolerancia de las inaceptables condiciones de los gitanos es un escándalo de importancia global, que tenemos que atajar si vamos en serio con el tema de derechos humanos en esta parte del mundo.

Por Antonio Sánchez Solís