De la dependencia a la eficiencia: el camino hacia una Unión de la Energía en la UE

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Madrid (EuroEFE).- Una de las prioridades políticas de la presidenta electa de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pasa por fomentar una Europa más verde y sostenible. La necesidad de “un planeta saludable representa nuestro mayor desafío y responsabilidad”, según subrayó en su primer discurso ante el Parlamento Europeo (PE).  Incrementar la eficiencia energética es uno de los objetivos, pero establecer una nueva jerarquía en la utilización de la energía, tanto renovable como fósil, se convertirá en un punto de fricción a la hora de negociar y alcanzar acuerdos, según los expertos.

¿Cuáles son las principales fuentes de energía en la UE?

Según el último informe elaborado por Eurostat “Shedding light on energy in the EU” (“Arrojando luz sobre la energía de la UE”)las principales fuentes de energía disponibles en la UE son el petróleo (36%), el gas natural (23%), los combustibles fósiles (15%) y la energía nuclear (12%), mientras que las energías renovables solo representan el 14%.

 

La dependencia energética y la hegemonía rusa

La Unión Europea produce el 45% de la energía que consume (según la última estadística, elaborada en 2017). Las energías renovables suponen el 30% de su producción total de energía (30% del total); le siguen la energía nuclear (28%), los combustibles sólidos (19%), el gas natural (14 %) y el petróleo (10%).

El 55% restante viene de grandes potencias petrolíferas y de gas natural, como Arabia Saudí o Noruega, pero la hegemonía es, sin duda alguna, de Rusia.

El país presidido por Vladimir Putin proporciona un 30% de las importaciones de petróleo de la Unión Europea. Un 40% del gas natural y un 39% de los combustibles fósiles que llegan al territorio comunitario también son de origen ruso.

En muchas ocasiones, los Estados miembros, como es el caso de Polonia han manifestado su intención de rebajar la dependencia que tienen de los recursos provenientes de Moscú.

De hecho, el ratio de dependencia en países como Malta o Luxemburgo alcanza hasta un 95%, según muestra el informe de Eurostat; mientras que los que menos energía necesitan de otros países de fuera de la Unión son Estonia y Dinamarca, con un 17%. En el cómputo global, el ratio de dependencia ha aumentado significativamente: mientras que en 2000 se situaba en un 47%, en 2017 alcanzaba un 55%.

Los orígenes y los costes de la energía

Las energías renovables se van abriendo hueco paulatinamente y ya suponen casi un tercio de toda la producción de electricidad comunitaria, a pesar de que continúa siendo ampliamente dependiente de los combustibles fósiles. En países como Chipre y Malta, el 90% de la electricidad que consumen procede de combustibles fósiles.

Los hogares de Dinamarca, Alemania, Bélgica, Irlanda y España son los que más pagan en su factura de la luz. Eurostat indica que, en el caso de los daneses, un 54% del importe de la tarifa eléctrica son aranceles e impuestos. En cuanto a España, ese coste se reduce hasta un 20%.

A pesar de ello, España también es uno de los países de la UE que más paga por la electricidad que no se destina a hogares, así como el cuarto país cuyos hogares pagan más en la factura del gas.

El camino a una futura “Unión Energética”

Uno de los objetivos que puso en marcha la Comisión Europea en 2015 fue el de mejorar las condiciones energéticas para empresas y particulares, tratando de facilitar un suministro económico, rentable y con menor polución e impacto climático para la atmósfera.

Para lograrlo, se establecieron una serie de objetivos dentro de un nuevo marco de trabajo que es revisado de manera anual, con la idea de hacer de la energía un bien que pudiese traspasar las fronteras de la UE sin ningún tipo de obstáculo.

A la par de esa misión, que todavía continúa en marcha, se está intentando que los usos energéticos sean concebidos de la manera más eficiente posible, con investigación y desarrollo financiado en colaboración con el sector privado para buscar nuevas técnicas de descarbonización.

España ha sido uno de los países de la UE más activos en este sentido, fijando oficialmente objetivos para alcanzar un sistema energético más limpio. Desde Madrid, se confía en lograr que las emisiones de efecto invernadero se reduzcan en un 35% para 2030. 

Este proyecto energético basa sus opciones en lograr que las emisiones de dióxido de carbono se reduzcan a mínimos históricos para 2030 y estén a cero en 2050. Conseguir reducir estos gases es fundamental para lograr que las temperaturas (y por reacción, el nivel del mar a causa de los deshielos) no continúen subiendo.

 

Aunque se ha logrado rebajar estas emisiones en un 22% desde 1990, todavía queda un largo camino por recorrer. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, las previsiones anuales de reducción de gases se han ido cumpliendo, pero son las industrias energéticas las que más impacto generan en este ámbito.

Sin embargo, el sector de las energías renovables está haciéndose con un lugar cada vez más prioritario. El incremento de su utilización ha aumentado en casi un 50% desde 2004 (de 8.5% a 17.5%), al mismo tiempo que 11 Estados miembros ya han alcanzado el objetivo porcentual propuesto para 2020. Es paradigmático el caso de Suecia, país cuyo consumo de energía renovable ya supera más de la mitad de la energía total, con un 54.5%. Finlandia (41%) y Letonia (39%) son los siguientes.

Por Antonio Santos y María Moya (edición: Catalina Guerrero)

Para saber más:

 “Arrojando luz sobre la energía de la UE”. Informe de Eurostat 

 Unión de la Energía para Europa