¿Qué instrumentos tiene la UE para luchar contra el desperdicio alimentario?

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Madrid (EuroEFE).- Reducir el desperdicio alimentario es un requisito indispensable para garantizar la seguridad alimentaria y un elemento clave en la lucha contra la crisis climática. Sin embargo, la Unión Europea (UE) carece de un instrumento legislativo que contenga medidas específicas para su prevención. 

La publicación del informe del Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC) de la ONU, a principios de agosto pasado (2019), activó la alarma sobre el desperdicio y la pérdida de alimentos, que se eleva a un tercio del total producido en todo el mundo, según los últimos datos de la FAO. 

Sin embargo, en el caso concreto de la Unión Europea (UE), se carece de cifras recientes. La inexistencia de un marco legislativo comunitario sobre el desperdicio alimentario se debe a que, hasta el momento, no se ha creado un mecanismo de medición armonizado para toda la UE que cuantifique los residuos alimentarios con independencia del resto de residuos. 

Para tales efectos, la Comisión Europea (CE) aprobó el pasado mes de mayo una decisión delegada en virtud de la cual señalaba el déficit de datos e instaba a los Estados a su medición, prevención y prevención en todas las fases de la cadena alimentaria. Sin embargo, al igual que su precedesor (la Directiva de 2008 para la medición de los residuos) este instrumento tampoco plantea un mecanismo para su reducción, relegando al plano nacional la adopción medidas más concretas.

Francia e Italia, pioneros en la lucha contra el despilfarro

Ante la carencia de una directriz comunitaria, algunos países como Francia e Italia cuentan con una legislación centrada específicamente en el despilfarro alimentario. 

Tras una ardua campaña impulsada principalmente por activistas, en febrero de 2016 el Senado de Francia aprobó por unanimidad una ley pionera, cuyo texto jerarquiza los residuos alimentarios para facilitar su medición y contiene medidas entre las que se incluyen sanciones a los operadores que conviertan a propósito los alimentos seguros en “no comestibles”.

Otra de las novedades que introdujo esta ley, que se integra directamente en el “Code de l’environnement” (“Código de medioambiente”) francés, es la obligación de que los supermercados firmen un acuerdo con las ONG para donar los alimentos que de otra forma se desperdiciarían.

Esta medida apunta directamente a las superficies comerciales que superen los 400 metros cuadrados y su incumplimiento puede conllevar multas de hasta 75.000 euros o dos años de cárcel. No obstante, la ley no indica la cantidad que debe donarse, con lo cual, el supermercado ya cumple con la ley si firma un acuerdo en el que se compromete a donar el 1%.

Por su parte, el 30 de agosto de 2016 se publicó en la “Gazzetta Ufficiale” (el Boletín Oficial del Estado Italiano) la Ley 166/16, una “Ley monográfica” sobre seguridad alimentaria que regula la donación y distribución de alimentos y fármacos en todas las fases de producción, transformación y distribución.

En términos de responsabilidad civil, Italia ya contaba en su legislación con la llamada “Ley del Buen Samaritano” (Ley 155/2003), que vincula al consumidor final con la responsabilidad para con las ONG con fines benéficos.

El desperdicio alimentario, en cifras

Tal como apunta “Fusions” (2016), el último estudio elaborado a través del Séptimo Programa Marco, en 2012 el despilfarro alimentario en la UE ascendió a 88 millones de toneladas, lo que significa 173 kilogramos de desperdicios por persona. En España, solo en el últimos años el desperdicio de alimentos en los hogares ha crecido un 8,5%, según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación

 

 

En términos generales, la mayor cantidad de toneladas se desperdicia en los hogares (47 millones de toneladas ± 4 millones de toneladas), aunque en el sector de la producción y el procesamiento es el segundo eslabón de la cadena de suministro alimentario que más despilfarro produce (17 millones de toneladas ± 13 millones de toneladas).

Estos dos sectores representan el 72% del desperdicio de alimentos de la UE, aunque existe una incertidumbre considerable en lo relativo a la estimación del procesamiento. 

Del 28% que resta, 11 millones de toneladas -que se traduce en un 12%- provienen del servicio de alimentos; 9 millones -el 10%- provienen de la producción y 5 millones – el 5%-,  de la distribución y venta al por mayor y al por menor. 

Ante la incertidumbre en los datos por la carencia de estudios anteriores, un informe elaborado por el Tribunal de Cuentas Europeo (2016), contrasta la proporción de malgasto de alimentos según diferentes organismos e instituciones, que coinciden en que los hogares son el segmento de la cadena que más despilfarra. 

FAO apunta que, en la UE, los consumidores europeos desperdician más de la mitad (52%) del total de los alimentos y un 23%, en el sector de la producción, mientras que el 17% se pierde durante la transformación y solo el 9% en la distribución.

Por su parte, el BIO Intelligence Service de la UE eleva al 41% la cifra de desperdicios en los hogares y a casi un 35% la de la producción, mientras que el sector de procesado malgasta aproximadamente el 20%. 

Por Maria Moya

 

Para saber más:

Estimaciones europeas del despilfarro de alimentos