La odisea de cruzar Europa para volver al trabajo

Ricardo Marques, un portugués de Seia (región Centro) que emigró hace años a Suiza pide ayuda este jueves a la Policía Nacional en el punto fronterizo hispanoluso de Fuentes de Oñoro-Vilar Formoso para llegar a su país de residencia, tras el cierre de fronteras debido al coronavirus. [EFE/Carlos García]

Vilar Formoso (Portugal) (EuroEFE).- Vítor Oliveira es portugués pero trabaja en Alemania. Pasaba unos días de descanso en Portugal y el miedo al coronavirus le ha decidido a volver a su casa. Ahora, se enfrenta a la odisea de cruzar, en coche, las fronteras de media Europa.

Oriundo de Aveiro, Vítor ha conseguido superar el primer obstáculo de los muchos que le esperan en el camino hasta su casa en Alemania. La policía española del cruce de Fuentes de Oñoro (Salamanca) le asesora con los documentos que precisará en su largo camino.

El cierre de la frontera entre España y Portugal decretado el lunes para frenar la expansión del coronavirus le agarró por sorpresa.

“Llevaba en Portugal dos semanas de vacaciones y quería estar otras dos, pero ya me voy porque no sé qué va a pasar”, explica Vítor a Efe.

Emigró hace años y si cayera enfermo en Portugal teme que tendría que costearse el tratamiento.

“Muchos se van porque tienen que trabajar y hay gente que, incluso, se lleva a sus abuelos de Portugal para el país de residencia porque no tienen quien los cuide”, sostiene Vítor.

Dice que son muchos los emigrantes que están en su misma situación. A las olas migratorias de los años 50 y 60 se sumó la gran emigración provocada por la crisis lusa, que llevó a cientos de miles de portugueses a abandonar el país en la última década, en su mayoría con destino a Francia y Suiza.

VíCtor Oliveira, un emigrante portugués que estaba de vaciones en su localidad natal (Aveiro, Portugal), pide ayuda en la frontera hispanolusa de Fuentes de Oñoro-Vilar Formoso en Portugal este jueves para llegar a su país de residencia, Alemania, tras el cierre de fronteras debido al coronavirus. EFE/Carlos García

A Francia precisamente quiere llegar Alexia Ernesto, una joven que reside en Lyon porque sus padres emigraron de la localidad lusa de Manteigas (Portuqal) hace décadas en busca de trabajo.

Viaja con una anciana y, explica a Efe, ha estado toda la madrugada agilizando la documentación que le ha entregado el consulado francés para cruzar las fronteras y que ahora debe presentar a los agentes de la Policía española en el cruce de Fuentes de Oñoro.

“Vengo de Manteigas y quiero llegar a mi casa para ver a mi madre y a mi hermana”, continúa Alexia, que lleva con ella a la abuela de uno de sus primos residentes en Francia y que, en caso de contraer el coronavirus, no tendría quien la cuidara.

“Muchas personas están en una situación similar”, lamenta la joven.

A Suiza se dirige Ricardo Marques, un portugués de Seia (región Centro) que emigró hace años y que vuelve ahora a su casa porque, reconoce, tiene “mucho miedo”.

“Nos estamos marchando lo más rápido posible porque la situación está complicada”, dice Ricardo.

El cruce de Fuentes de Oñoro registra mucho movimiento y la policía española habilita mesas y sillas en el exterior de la antigua aduana para atender a los viajeros.

Todos tienen una historia detrás y un reto, como el de José Carlos, un vecino de Coimbra que transporta en su furgoneta a seis jóvenes de esta misma localidad.

Pretenden llegar a Francia para trabajar dos meses en la campaña de recogida de la fresa. Están nerviosos porque no saben si obtendrán autorización.

Media hora después, José Carlos arranca su furgoneta con los viajeros rumbo a Francia.