La odisea de hacerse la prueba del coronavirus al llegar a Italia desde España

Italia

Realización de una prueba PCR en un centro sanitario de Roma, el 25 de agosto de 2020. [EFE-EPA]

Roma (EuroEFE).- Dos semanas después de que Italia declarara a España, Malta, Grecia y Croacia como zonas “de riesgo” y ordenara que los extranjeros o italianos que llegan desde allí se realicen una prueba de COVID, las experiencias están siendo muy distintas y a veces cumplir la norma es una auténtica odisea.

En Roma, las autoridades sanitarias de la región de Lacio realizan la prueba en los dos aeropuertos, Fiumicino y Ciampino, en el puerto de Civitavecchia y en una decena de puntos “drive-in” instalados en hospitales donde las personas no salen de sus vehículos.

Algunos españoles consultados por Efe ofrecen una versión muy positiva: tras aterrizar en uno de los dos aeropuertos les han hecho el llamado test rápido de coronavirus y en algo más de media hora han tenido el resultado.

El problema es cuando el vuelo aterriza después de las seis de la tarde. A esa hora termina este servicio y ya no es posible hacerse el test en la terminal.

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Rocío, una española residente desde hace años en Roma y casada con un italiano, llegó este lunes con su familia en un vuelo de Iberia pasadas las seis de la tarde, de regreso de sus vacaciones de verano en España.

“Fuimos al día siguiente a primera hora al drive-in del hospital Forlanini, mi marido, mis dos hijas pequeñas y yo, y nada más llegar nos dijo el portero que terminaríamos por la tarde”, cuenta a Efe.

La realidad es que en este antiguo hospital abierto solo para este fin había una cola de unos 90 coches, que se extendía a lo largo de un recorrido, como en forma de ocho, por todo el recinto del hospital, una fila que seguía extendiéndose detrás de ellos a medida que pasaba el tiempo.

“Decidimos tomárnoslo con calma. Le pedimos a mi hijo Luca (que estaba en Roma desde antes) que nos trajera libros para leer, y para la pequeña sus deberes, y así pasamos el día. Estuvimos seis horas y media. Fue como ir de viaje de Cádiz a Madrid, pero sin movernos”, cuenta esta madrileña.

Lentitud de las pruebas PCR

El problema es que solo hay un equipo sanitario y los enfermeros van coche por coche -donde a veces hay tres o cuatro ocupantes- no solo haciendo la prueba PCR nasofaríngea, sino también el trabajo administrativo de ir metiendo los datos, lo que hace que se avance muy despacio.

Las mismas colas se repiten en otros de los puntos designados para estos test que se hacen de forma gratuita a los llegados de España, Malta, Grecia o Croacia, aportando el documento de viaje que lo demuestre, o a italianos que vengan de otras regiones y crean haber tenido contactos de riesgo, pero con una receta de su médico de cabecera.

En el hospital San Giovanni Addolorato a primera hora de esta mañana, cuando abría el servicio, había ya unos 60 coches en fila.

Francesca, una joven italiana, cuenta a Efe que vino de Sicilia “en una barco sin aire acondicionado y con mucha aglomeración de gente”.

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Desconcierto en algunos aeropuertos

Tuvo algo de fiebre después y su doctor le prescribió la prueba de COVID. “Ha bastante gente. Me dijeron que llegara una hora antes de abrir, pero ya hay gente”, señala.

Elena, una funcionaria española que regresó ayer de Madrid, también encontró cerrado el servicio para hacer las pruebas en Fiumicino, ya que aterrizó a las 18.30.

“Nadie me pidió nada, salí del aeropuerto sin dar mis datos. Pero estoy pensado en hacerme el test en un laboratorio privado para poder presentar el resultado”, cuenta, después de haber tenido noticias de las largas esperas en los “drive-in” y al carecer de vehículo propio.

Ese es otro problema añadido, ya que no se permite hacer la cola andando y acudir en un taxi no es la solución si se debe esperar varias horas.

Andrés, un joven hispano-italiano, acudió en su moto al “drive in” de San Giovanni y no le dejaron pasar. Volvió a los tres días, cuando consiguió que un amigo le llevara en coche y hacerse el test en algo más de dos horas.