El bienestar de los ciudadanos en el centro de la nueva política económica de la UE

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No cabe duda de que el trabajo de la Comisión Europea siempre ha tendido a influir en el destino de la Unión, pero es esta vez lo hará más que nunca, cuando el programa que adopte la nueva Comisión marcará, para bien o para mal, el futuro de la Unión Europea (UE), escribe en una tribuna para EuroEFE Stefano Palmieri, presidente de la sección de Unión Económica y Monetaria y Cohesión Económica y Social del Comité Económico y Social Europeo (CESE),  para quien la nueva Comisión no debe de dejar de situar la mejora del bienestar de sus ciudadanos en el centro de su agenda. 

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La UE se enfrenta en la actualidad a varios dilemas cruciales para su futuro. En primer lugar, el creciente sentimiento de recelo que se ha generado entre los ciudadanos de la Unión hacia el propio proyecto europeo, que ha desembocado no solo en el Brexit, sino también en el auge en algunos Estados miembros de movimientos políticos soberanistas y populistas que han cuestionado el proyecto de la Unión Europea.

Durante la última década ha confluido una serie de efectos como, por ejemplo, los derivados de una crisis económica de intensidad y duración particularmente graves, los vinculados a los cambios en curso en las tecnologías de la información y la comunicación (macrodatos, inteligencia artificial, etc.), los derivados de la globalización de la economía y los mercados, y aquellos ligados a los cambios en los modelos de producción y consumo, con la consiguiente transformación del mercado de trabajo (el crecimiento de las formas de trabajo precario, los contratos a tiempo parcial y el trabajo de duración determinada). Todo ello ha conllevado dramáticas consecuencias en forma de un aumento de las desigualdades de renta y riqueza, la inestabilidad y la degradación de la confianza y el bienestar de los ciudadanos de la Unión, todo lo cual alimenta un sentimiento de creciente desconfianza hacia esta.

Todos estos motivos justifican la conveniencia, ahora más que nunca, de situar el bienestar de los ciudadanos en el centro del programa de trabajo de la nueva Comisión Europea. Esto ya lo ha anunciado en parte la nueva presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, durante la presentación de la Agenda para Europa[1], al establecer entre las prioridades que marcarán el futuro trabajo de la nueva Comisión dos objetivos íntimamente relacionados con el bienestar de sus ciudadanos: i) un Pacto Verde Europeo, y ii) una economía al servicio de sus ciudadanos. Ahora queda por ver de qué manera tiene previsto la nueva presidenta plasmar estas buenas intenciones en acciones concretas.

Un ejemplo se lo puede dar sin duda la primera ministra neozelandesa Jacinda Ardern, quien, al presentar la ley de presupuestos de 2019 en su país el verano pasado, introdujo el «wellbeing budget», que instituye una serie de asignaciones presupuestarias estrechamente ligadas al bienestar de sus ciudadanos. Uno de las partidas más destacadas del presupuesto ha resultado ser la destinada a la salud mental de sus ciudadanos, a la que se ha asignado el equivalente de 1 000 millones de euros en cinco años para garantizar la presencia de un psicólogo en cada centro de salud de medicina general (al objeto de reducir el elevado número de suicidios e intensificar la lucha contra la dependencia del alcohol y las drogas, la ansiedad y la depresión). Otras partidas presupuestarias se destinan a la lucha contra la pobreza infantil, la lucha contra la violencia doméstica, el apoyo a las personas sin hogar y las comunidades indígenas y la lucha contra el calentamiento global, todo ello por un importe total de 2 000 millones de euros adicionales.

A este paquete de intervenciones públicas se añade la utilización de un «Living Standards Framework» —o marco de parámetros relativos al nivel de vida— (con indicadores como la calidad del agua, la soledad de los ciudadanos, el acceso al mercado de la vivienda, etc.) que, junto con la aplicación del análisis coste-beneficio, deberá marcar la orientación en las políticas de los distintos ministerios, con el objetivo de mejorar el nivel nacional de capital humano, social, natural y financiero.

El futuro de la Unión Europea pasa inevitablemente por la mejora del bienestar de sus ciudadanos, por lo que la nueva Comisión no puede dejar de situarla en el centro de su agenda. Como presidente de la Sección de Unión Económica y Monetaria y Cohesión Económica y Social del Comité Económico y Social Europeo, me esforzaré por que todo ello ocupe un lugar destacado en los futuros trabajos del Comité.

Para saber más:

Stefano Palmieri, el autor de la tribuna, es Presidente de la Sección de Unión Económica y Monetaria y Cohesión Económica y Social del Comité Económico y Social Europeo