En defensa de nuestra imperfecta pero vital Unión Europea

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Antonio López-Istúriz interviene en una audiencia en el Parlamento Europeo, el 7/10/2019. [European Parliament/Philippe Buissin]

Los futuros historiadores mirarán hacia la pandemia actual como nosotros vemos ahora la Declaración Schuman, como un momento decisivo para la Unión Europea, afirma en este artículo exclusivo, con motivo del Día de Europa, el secretario general del Partido Popular Europeo y eurodiputado, Antonio López-Istúriz White, quien asegura, frente a los críticos, que “la Unión Europea es nuestro mejor escudo para mantenernos sanos, seguros y con un futuro próspero”.

Solos, fracasaremos. Juntos, lo superaremos. Esto que fue cierto hace 70 años, todavía lo es hoy.

Cinco años después del final de la Segunda Guerra Mundial, el Ministro de Exteriores de Francia, Robert Schuman, pronunció una declaración que definiría el proyecto europeo.

Hoy, 70 años más tarde, nos enfrentamos a un enemigo invisible. Un enemigo que no conoce fronteras, pone a prueba nuestra capacidad de actuar y plantea preguntas sobre el futuro de la Unión Europea. Un enemigo que está despertando a los oponentes de Europa. Como muchas otras veces desde que la Unión Europea fue concebida, Europa se encuentra en una encrucijada.

Ya que este año sólo podemos celebrar el Día de Europa desde el confinamiento de nuestros hogares, tomemos tiempo para reflexionar sobre los retos planteados por la pandemia y los desafíos que nos esperan. Porque el proyecto europeo trata sobre la unidad de nuestro continente y sobre el camino para avanzar juntos.

Unidad y solidaridad, palabras clave

Una de las famosas citas que aparecen en la declaración de Robert Schuman señala que “Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”.

Bien, puede que no haya una mejor manera de describir cómo reaccionaron las Instituciones europeas y los Estados miembros de la UE ante la pandemia. La respuesta inicial fue lenta, en algún momento faltó coordinación y no había un único plan.

Sin embargo, pronto comprendimos que estábamos juntos en esto y vimos, por un lado, cómo los países empezaban a colaborar entre ellos: médicos y enfermeras de Rumania tratando a pacientes con coronavirus en Italia; Chequia y Austria enviando mascarillas protectoras a España u hospitales alemanes haciéndose cargo de pacientes italianos. Y, por otro, las Instituciones europeas liderando una respuesta europea coordinada para afrontar el brote de coronavirus y sus consecuencias.  Por ejemplo, en un momento de cierre de fronteras, se establecieron a instancias de la Comisión Europea, corredores verdes para facilitar el transporte de equipos médicos y de alimentos, se apoyó la repatriación de europeos atrapados en terceros países y se lanzaron iniciativas para aliviar los efectos socioeconómicos de la crisis a corto, medio y largo plazo.

La unidad y la solidaridad han prevalecido. Esta solidaridad está salvando vidas y estamos siendo un ejemplo. Nuevamente esta semana, la Unión Europea tomó la iniciativa en la respuesta mundial al coronavirus con el maratón de donaciones para el acceso universal a las vacunas, tratamientos y tests. Cuando hablamos con una sola voz, el mundo nos escucha.

Deberíamos celebrar estas buenas acciones, y no sólo cada 9 de mayo. Los pilares sobre los que se asienta la Unión Europea no se han tambaleado. Nuestras bases son sólidas incluso si esta crisis ha vuelto a poner de manifiesto las imperfecciones del proyecto europeo.

Batalla de relatos

La pandemia está suponiendo, también, una prueba para nuestras democracias. Dentro de nuestra Unión Europea vemos división, nacionalismo y populismo cuyas ideologías vacías amenazan la cohesión de nuestro proyecto.

Mientras unimos fuerzas para trabajar por lo mejor para los europeos, algunos aprovechan para intentar dividirnos. Mientras nos esforzamos para coordinar nuestros esfuerzos, algunos prefieren centrarse en culpar a la Unión Europea. Mientras preparamos nuestra respuesta para ayudar a las economías europeas a recuperarse, otros están preparando sus críticas.

E, incluso, más peligroso, mientras algunos gobiernos de la Unión están actuando de manera responsable, otros están utilizándola como chivo expiatorio para desviar la atención sobre su mala gestión de la crisis, así como para tapar el mal estado de sus finanzas antes del brote de la pandemia.

¿Es perfecta la Unión Europea? No. Pero no permitiremos que sus detractores tengan la última palabra. Gracias a que vivimos en democracias, escuchamos críticas y sabemos que podemos mejorar. Por supuesto que en la UE se necesita más transparencia y rendición de cuentas, la mejor manera de demostrar que cumplimos con nuestra palabra.

La pandemia también ha llevado la desinformación a un nivel completamente nuevo. Los enemigos del proyecto europeo son muy creativos en sus esfuerzos por socavar la Unión. Regímenes autoritarios como China o Rusia están librando una guerra utilizando un amplio arsenal como la desinformación. Esta es una batalla que tiene muchas caras y que necesita que políticos, ciudadanos, plataformas de redes sociales y medios tradicionales trabajen conjuntamente para desmentir las noticias falsas que se están extendiendo a través de nuestras sociedades y poniendo en peligro nuestras democracias.

¿Por qué el proyecto europeo se ha convertido en blanco de estos ataques? Porque funciona. Es un faro de valores en el mundo, ha traído niveles desconocidos de prosperidad a los europeos y juega un papel clave en el ámbito internacional. Solos no podemos sobrevivir, juntos somos fuertes e influyentes.

Escribiendo el futuro

Los futuros historiadores mirarán hacia la pandemia actual como nosotros vemos ahora la declaración Schuman, como un momento decisivo para la Unión Europea. Entonces, después de una guerra devastadora, el espíritu europeo se forjó en acciones concretas y tangibles. Ahora, la forma en que estamos abordando el coronavirus y la resistencia de los ciudadanos europeos muestran que este espíritu está muy vivo en cada uno de nosotros.

La Unión Europea se ha ido forjando en crisis. Necesitamos seguir perfeccionando nuestra imperfecta Unión y defendiendo nuestros valores fundamentales de solidaridad, unidad y responsabilidad.

La Unión Europea se ve, a menudo, como una construcción remota, gris y superficial. Pero sólo si nos mantenemos unidos, venceremos la pandemia. Sólo si nos preocupamos los unos por los otros, nos aseguraremos de que nadie se quede atrás. Sólo si trabajamos juntos, relanzaremos nuestras economías. Sólo defendiendo nuestro proyecto europeo, defenderemos nuestro modelo de sociedad y nuestras democracias. Porque la Unión Europea es nuestro mejor escudo para mantenernos sanos, seguros y con un futuro próspero.