La responsabilidad de los líderes políticos

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La responsabilidad de los líderes políticos

Las normas internacionales de derechos humanos, como el Plan de Acción de Rabat, exigen que los líderes políticos se abstengan de cualquier incitación al enfrentamiento y se pronuncien firme y rápidamente contra el discurso del odio, y que nunca se justifique la violencia por una provocación previa, escribe en una tribuna en español para EuroEFE Birgit Van Hout, Representante Regional para Europa de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU (ACNUDH).

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La libertad de expresión es una piedra angular de las sociedades democráticas y un derecho fundamental, y asi debe permanecer. Durante las campañas electorales, la importancia de la libertad de expresión debe reforzarse aún más, ya que millones de personas deben decidir libremente a quién confiar el liderazgo de sus ciudades, regiones o países. Para una verdadera democracia, la libertad de información debe difundir todas las ideas y opiniones para que un proceso electoral se considere verdaderamente libre y justo, con un espacio donde habitan todas las ideologías y puedan debatir sus ideas públicamente para el electorado.

Todos los derechos humanos son interdependientes e indivisibles, y otro principio fundamental del derecho internacional de los mismos es el de la igualdad y la no discriminación. Y es precisamente en este contexto que la libertad de expresión tiene algunos límites estrechamente definidos. La libertad de expresión puede estar restringida por la ley, en el caso de que sea necesario garantizar el respeto de los derechos de los demás. Cuando el discurso, con independencia de la procedencia ideológica, incita a la discriminación, al odio o a la violencia, y enfrenta a diferentes grupos entre sí, debería estudiarse la prohibición por imperativo legal.

Actualmente, todos los ciudadanos con derecho a voto de la Unión Europea, pueden ejercer su derecho y acudir a las urnas para elegir a sus representantes al Parlamento Europeo, en uno de los mayores ejercicios de democracia en el mundo. Pero incluso en Europa así como en otras democracias, los procesos electorales se ven empañados por el fomento del discurso del odio y la implacable búsqueda de chivos expiatorios por parte de algunos políticos.

Después de haber observado y monitoreado procesos electorales en Venezuela, Togo, Palestina y Timor Leste, tengo la experiencia de que las elecciones deberían  ser  una de las pruebas más poderosas del compromiso de una sociedad con los valores de los derechos humanos. Por lo que me preocupa que muchas elecciones celebradas en Europa y otros lugares se hayan convertido en instrumentos para que los políticos puedan difundir una retórica discriminatoria e impulsen el odio, en lugar de promover la suma de todos y el diálogo. Esta irrupción del odio, la descalificación y el ataque a quien no piense igual, podría desembocar incluso en el fomento de la violencia física.

Un discurso constructivo en lugar de negativo

Los políticos, en su calidad de líderes, y por su influencia social e ideológica, tienen la responsabilidad y el poder de emitir un discurso negativo, o por el contrario, fomentar un discurso constructivo, positivo, donde cabe también el debate para intercambiar ideas y posiciones distintas. Todo ello, en concordancia con las normas internacionales de derechos humanos, como el Plan de Acción de Rabat, que exige que los líderes políticos se abstengan de cualquier incitación y se pronuncien firme y rápidamente contra el discurso del odio, y que nunca se justifique la violencia por una provocación previa.

En esta era digital en la que vivimos, los medios de comunicación, y en particular, las grandes compañías de redes sociales a través de las cuales un enorme número creciente de personas acceden día a día a gran parte de sus noticias, y divulgan muchas de sus opiniones, tienen la responsabilidad de garantizar que los mensajes que se emitan en sus redes, tomando las medidas oportunas para su eliminación para no fomentar el odio y que no vulneren el derecho internacional de los derechos humanos.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos no juzga a los partidos políticos ni a las personas sobre la base de sus ideas políticas; sin embargo, la Oficina tiene el mandato de promover y proteger los derechos humanos de todas las personas, en cualquier lugar del mundo. Cuando esos derechos están en riesgo de vulneración, ya sea de palabra o de hecho, tenemos que analizar quiénes amenazan esos derechos fundamentales, con independencia de su ideología, o condición .

La no discriminación y la libertad de expresión son componentes absolutamente esenciales del conjunto de valores que ha proporcionado la base a las sociedades democráticas en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Todos ellos constituyen una base sólida para la democracia. Sí, la democracia es la voluntad de los electores, pero también de defender a la minoría y a los que están en riesgo, sean quienes sean y estén donde estén.

El resultado de las elecciones al Parlamento Europeo promoverá a los nuevos diputados de su Parlamento, ya sean miembros de izquierda, de derecha o de centro liberal, y será una prueba importante para ser un modelo de salvaguarda de todos los derechos humanos y libertades, excluyendo la división y el odio.