Mª Eugenia Palop (UP): Se acabó la fábula de la cigarra y la hormiga

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María Eugenia R Palop en el hemiciclo del Parlamento Europeo. [PE / Flickr]

Cuarta tribuna de la serie de contribuciones de dirigentes políticos españoles en el Parlamento Europeo sobre cómo están viviendo el confinamiento provocado por la Covid-19. La autora, María Eugenia R. Palop, es la jefa de delegación de Podemos y cabeza de la lista Unidas Podemos (que incluye, además, a Izquierda Unida y Catalunya en Comú).

“La ausencia de libertad no es agradable para nadie, pero la diferencia entre quienes viven esto como un imprevisto o como una tragedia es tener una vivienda bien acondicionada y un trabajo remunerado y estable. En este momento crítico, lo menos preocupante es el confinamiento de quienes, además y por suerte, gozamos de salud. Por eso empiezo animándonos a no flaquear y a seguir respetando las medidas adoptadas para frenar los contagios.

Se dice mucho estos días que el coronavirus no entiende de fronteras ni de clases sociales, pero es innegable que golpea de forma asimétrica en función de la clase (y del género). De lo que se trata ahora es de mitigar el sufrimiento de las personas más vulnerables, en términos sanitarios y sociales, y de abrir alternativas para ellas.

“Muchas de las medidas sociales han venido para quedarse”

El escudo social desplegado por el Gobierno ha sido un paso adelante sin precedentes, y muchas de las medidas que se están articulando han venido para quedarse. La apuesta por una renta mínima en estas circunstancias, por ejemplo, es una exigencia incontestable. Pero también lo será cuando el panorama empiece a despejarse, porque el mundo del trabajo va a transformarse mucho después de esto. Lo mismo sucede con el fortalecimiento del sector público, especialmente de la sanidad, y con la necesidad, en la Unión Europea, de flexibilizar las reglas de gasto.

No hay que olvidar tampoco que la situación que estamos viviendo nos acerca a la que llevan años padeciendo millones de personas en nuestras fronteras, en el mar Mediterráneo y en los ‘afuera’ de nuestra realidad. En estos días en los que hemos visto tantas resistencias en Europa para ofrecer soluciones solidarias, he pensado mucho en eso, porque son estas resistencias las que han generado y perpetuado también todos esos ‘afueras’.

Una respuesta insolidaria a esta situación, defendida durante semanas por el bloque de países liderado por Alemania y Holanda, haría que esta emergencia sanitaria levantase nuevos muros entre países y sería la antesala del tercer gran fracaso de la Unión Europea en una década.

Un fracaso que profundizaría la brecha estructural entre el norte y el sur, como sucedió tras la crisis financiera de 2008, y que dejaría en la indigencia a millones de personas, como ocurrió en 2015 tras los sucesivos rescates de Grecia y una crisis migratoria que aún persiste. Con la diferencia de que hoy esas personas ya son infraciudadanos de la Unión Europea.

“El acuerdo del Eurogrupo, tardío e insuficiente”

Conviene recordar que hay países que se han beneficiado de un euro sin Hacienda europea y sin mecanismos de protección frente a este tipo de shock, de nuestra debilidad fiscal (alimentada por el dumping fiscal holandés, por ejemplo) y de colocar exportaciones, porque el tipo de cambio de su divisa era bastante más alto. Se han beneficiado también de la división del trabajo y del desmantelamiento del tejido industrial que ha sufrido el sur de Europa.

Resulta sorprendente que, en lugar de asumir este diagnóstico tan evidente, hayan intentado, una vez más, abordar las diferencias entre unos y otros con la parábola de la cigarra y la hormiga, a base de los estereotipos y las estigmatizaciones de siempre.

El 9 de abril, el Eurogrupo alcanzó un acuerdo tardío e insuficiente sobre el uso del fondo de rescate del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). Tardío porque llega un mes después del inicio de la crisis en Italia; e insuficiente porque, aunque Italia, España y Francia hayan doblado la mano a Holanda y Alemania para que no haya condicionalidades en los préstamos, se trata de una medida limitada en tiempo y forma a la batalla contra el COVID19.

El acuerdo no incluye ninguna mención a la mutualización de la deuda pública (eurobonos) y deja en la indefinición el Fondo para la Reconstrucción que deberá ponerse en marcha para reactivar la economía después de la pandemia.

“El Parlamento Europeo, marginado en la respuesta”

Mientras tanto, el Parlamento Europeo ha sido apartado a una posición marginal en la respuesta a la emergencia. Resulta agotador tener que recordar que es el único órgano representativo (es decir, democrático) de la Unión, el más progresista si lo comparamos con el resto, y el que se ha posicionado más claramente en favor de la cooperación.

La respuesta a corto plazo del Eurogrupo no garantiza, por ahora, que no volvamos a transitar la senda de 2008 cuando pase la emergencia sanitaria. Si las condiciones de vida las dictan, para todos, los tecnócratas de Bruselas, la Unión Europea se parecerá cada vez más a un imperio que a una unión de Estados igualitarios, de modo que el proyecto de integración acabará perdiendo en poco tiempo la legitimidad y la legitimación que le queda.

Este es el camino de la desafección que ha fomentado el Brexit y que aprovechará, sin dudarlo, esa derecha eurófoba que vemos por todas partes y que espera, ansiosa, el momento de dar el golpe definitivo.”