Por un consumo sostenible en Europa

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Por un consumo sostenible en Europa

El debate sobre el medio ambiente viene centrándose en gran medida, desde hace más de treinta años, en la cuestión del desarrollo sostenible. No obstante, se ha llegado recientemente a la conclusión de que el desarrollo sostenible será un objetivo imposible de alcanzar si no se tiene en cuenta el determinante papel que desempeñan los consumidores. La Unión Europea ha sido uno de los principales impulsores de este planteamiento, pero los retos son considerables y se ha de emprender un esfuerzo más amplio, escribe en una tribuna para EuroEFE Thierry Libaert, miembro del Comité Económico y Social Europeo (CESE).

La Unión Europea, pionera de la sostenibilidad

Hay que reconocer que el Comité Económico y Social Europeo (CESE) ha sido la primera institución de la Unión Europea en estudiar la cuestión de la durabilidad de los productos industriales y en llamar la atención sobre las consecuencias de la reducción de la vida útil de los productos que se ha observado en las últimas décadas. Mediante un dictamen de iniciativa aprobado el 17 de octubre de 2013, el Pleno del Comité envió un mensaje aún más categórico, ya que se pronunció por unanimidad, lo que significa que todos los componentes de la sociedad civil organizada (empresas, sindicatos, asociaciones de consumidores y organizaciones de protección del medio ambiente) se pusieron de acuerdo sobre este texto.

El Parlamento Europeo también se ha interesado por esta cuestión y, tras numerosas audiencias y mesas redondas, así como un estudio notable (DG de Políticas Internas. Una vida útil más larga para los productos: ventajas para los consumidores y las empresas. Estudio para la Comisión IMCO, 2016.), el 4 de julio de 2017 sometió a votación una resolución, que inusitadamente se aprobó por una muy amplia mayoría, únicamente con el voto en contra de los partidos populistas o extremistas.

El tema de la durabilidad de los productos industriales puede, por tanto, generar un amplio consenso, tanto a nivel político como entre múltiples partes interesadas.

Los retos de la durabilidad de los productos

Aunque el debate se ha centrado durante demasiado tiempo en la cuestión de la posible obsolescencia programada de los productos, los debates actuales hacen mayor hincapié en un modelo económico en el que cada vez hay menos productos que se pueden reparar. Las consecuencias para Europa son significativas por varias razones.

En primer lugar, desde el punto de vista económico, porque las empresas europeas siempre saldrán perdiendo si compiten en el mercado de productos de gama baja. El coste de nuestra mano de obra, combinado con nuestros conocimientos técnicos, significa que nuestras empresas son más propensas a optar por productos más robustos. También está en juego su reputación. Si el día de mañana pudiera introducirse una etiqueta “Made in Europe”, que fuera sinónimo de fiabilidad, contribuiría sin duda alguna a reforzar los lazos de confianza con el mundo industrial.

Se trata de un reto medioambiental, no solo por las importaciones de materias primas y, más concretamente, de metales raros contenidos en la mayoría de los aparatos electrónicos, sino también por las toneladas de residuos que producimos cada año. De aquí a 2020, la Unión Europea habrá generado doce millones de toneladas de residuos eléctricos y electrónicos. Aún no se conoce el impacto en términos de emisiones de gases de efecto invernadero, pero está claro que no será nada despreciable, ya que, como ilustra el ejemplo de un país de la Unión, la huella de carbono de los aparatos eléctricos y electrónicos de un hogar francés se estima en 6 toneladas de CO2.

Las consecuencias sociales también son muy significativas, ya que toda la cadena de reparación se está derrumbando gradualmente. Todas las estimaciones han llegado a la conclusión de que el empleo disminuirá considerablemente (en Alemania, el número de reparadores de televisores se redujo en un 13 % en un solo año y, en los Países Bajos, el número de pymes de reparación ha caído a alrededor de la mitad en una década). Según un estudio reciente, realizado en Bélgica, podrían crearse 850 puestos de trabajo de reparador en ese país.

Pueden citarse muchas otras consecuencias. La durabilidad es también una cuestión de igualdad social, ya que los grupos más afectados suelen ser las personas desfavorecidas que eligen productos de gama baja, generalmente menos fiables, y están condenadas a entrar en una espiral de endeudamiento para poder renovar sus productos. Del mismo modo, la escasa durabilidad tiene consecuencias para la balanza comercial de la Unión Europea, ya que los productos más afectados proceden, por lo general, de los Estados Unidos o del Sudeste Asiático.

Por consiguiente, Europa tiene más de un motivo para abordar este reto con mayor determinación.

Las grandes expectativas de los consumidores europeos

Según una encuesta publicada en octubre de 2018 por la DG Just, los europeos se inclinan claramente por productos más duraderos y fáciles de reparar. El estudio no solo demuestra que la facilitación de información sobre la durabilidad del producto tiene una influencia positiva en las decisiones de compra de los consumidores, sino que coincide con las conclusiones de una estudio anterior encargado por el Comité Económico y Social Europeo y basado en las respuestas de 3 000 consumidores.

Este estudio, del que pueden extraerse numerosas enseñanzas, señala que los productos con una indicación de vida útil superior a la de los productos competidores aumentaron sus ventas en más de un 13 % y que el 90 % de los participantes se declararon dispuestos a pagar más por productos más duraderos. Anteriormente, una encuesta del Eurobarómetro (2015) había revelado que el 92 % de los europeos reclamaban mayor información sobre la vida útil de los productos que compraban.

Una Europa que actúa

La Unión Europea se ha mostrado activa en este ámbito. En el marco del Plan de Acción para la Economía Circular, se ha puesto en marcha un programa de prueba para definir mejor la durabilidad de los productos. La Directiva sobre la venta de bienes, actualmente en curso de revisión, avanza hacia una mayor duración de la presunción de garantía, lo que animará a los distribuidores a comercializar productos más duraderos. La Directiva sobre diseño ecológico debería mejorar las posibilidades de reparación, en particular, aumentando el período de disponibilidad de las piezas de recambio.

Existen muchas otras iniciativas porque Europa tiene la obligación de mostrarse muy activa en un ámbito que afecta a casi todos los ciudadanos europeos. Con las elecciones europeas a la vuelta de la esquina, la Unión debe ser capaz de demostrar a los europeos que está pendiente de sus necesidades cotidianas. Para contrarrestar los movimientos populistas, se necesita una comunicación sólida, centrada en las cuestiones que inciden en la vida cotidiana. El consumo sostenible es una de las cuestiones sobre las cuales Europa actúa en beneficio de sus empresas, de la creación de empleo, de la transición ecológica y, en definitiva, de todos los europeos. Esperamos que la Unión refuerce su compromiso en este ámbito.

Para saber más:

Thierry LIBAERT, miembro del Comité Económico y Social Europeo y ponente del dictamen sobre la durabilidad de los productos.