Un pacto europeo finanzas-clima

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En uno de sus dictámenes recientes, el Comité Económico y Social Europeo (CESE) aporta su contribución al debate necesario sobre la lucha contra el cambio climático. Esta necesidad debe suponer, al mismo tiempo, una oportunidad de crear nuevos empleos sostenibles y de calidad, porque no habrá empleos en un planeta muerto, escribe en una tribuna exclusiva para Euroefe el consejero de este órgano consultivo y ponente del dictamen sobre un Pacto Europeo de Financiación Climática , Rudy De Leeuw.

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El CESE traza de este modo un horizonte para un nuevo e indispensable proyecto europeo que devuelva la confianza a todos sus ciudadanos, en particular a los jóvenes.

El hecho es conocido y el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) lo ha reiterado: nuestros recursos se agotan (igual que nosotros), el clima está trastornado, las especies animales y vegetales desaparecen y la humanidad corre el riesgo de enfrentarse a condiciones incompatibles con la vida.

Nuevas burbujas amenazan la economía

Paralelamente, la financiarización del mundo nos golpeó como un bumerán con la crisis de 2008 y todos los economistas serios saben que se dan las condiciones para una nueva crisis, ya que una de las principales respuestas a la crisis de 2008 fue (tratar de) relanzar la economía mediante una creación monetaria masiva. Con este recurso, los bancos centrales contribuyeron sobre todo a crear nuevas burbujas financieras, en lugar de relanzar la economía real

El marasmo económico, del que muchos Estados tienen dificultades para salir, va acompañado de una penitencia de exclusiones, aumento de la desigualdad, estancamiento de los salarios y desempleo y tiene también repercusiones en las urnas, alimentando los extremismos, el nacionalismo y el repliegue identitario.

En busca de respuestas sostenibles a las crisis

Mediante este dictamen, el CESE pretende dar una respuesta sostenible a la crisis financiera, ecológica y social y apoyar una iniciativa ciudadana lanzada por el economista Pierre Larrouturou y el científico y premio Nobel francés Jean Jouzel.

Para organizar la transición necesaria hacia un mundo sostenible en un horizonte situado a mediados de este siglo, el pacto finanzas-clima exige invertir 1,1 billones al año de aquí a 2030 en la lucha contra el cambio climático. Será necesario reflexionar y teñir de verde las inversiones actuales y hallar las nuevas inversiones necesarias para alcanzar esta suma.

Las enormes sumas de dinero que el Banco Central Europeo (BCE) ha inyectado en los circuitos financieros de los Estados miembros de la UE podrían movilizarse para financiar esta transición en lugar de alimentar las burbujas financieras. La financiación de la renovación térmica de las viviendas, la creación de ramas industriales europeas en torno a uno de los objetos clave de la revolución industrial en curso, como es la batería, o la adaptación de la agricultura y la industria para hacerlas más eficientes en materia energética son ejemplos concretos de esta transición.

El BEI como banco de desarrollo sostenible

A escala europea, la única pertinente dada la importancia del empeño, el Banco Europeo de Inversiones (BEI) podría contribuir convirtiéndose en un banco de desarrollo sostenible. Podría refinanciar ante el BCE todos los proyectos vinculados a esta transición. Porque si el BCE ha recurrido de forma masiva al quantitative easing desde hace algunos años, con resultados como mínimo discutibles, ¿por qué no podría proponer un qualitative easing? Así, en lugar de permitir a las empresas comprar sus propias acciones para subir su cotización y enriquecer a los accionistas, financiaría los proyectos «verdes» del BEI.

En lo que respecta a la financiación pública, las autoridades presupuestarias europeas deben dar ejemplo con una señal política clara: en el debate sobre el futuro marco financiero plurianual, el CESE propone que el 40 % del presupuesto europeo se dedique al clima, lo que supone la propuesta más ambiciosa de todas las instituciones europeas.

Este es el punto en el que el pacto puede contribuir a dar una respuesta mundial a la crisis económica, ambiental y también social. Este último aspecto es fundamental. La transición podrá acarrear pérdida de empleos relacionados con las energías del pasado, pero también debe ofrecer oportunidades para la creación de los empleos del futuro.

Además, la creación de empleos de calidad representa también una de las respuestas a quienes se sienten decepcionados con Europa en el contexto de los nuevos desafíos que representa la inteligencia artificial o la revolución digital. Si existe voluntad política, el CESE está convencido de que cada empleo en riesgo puede ser sustituido por un empleo nuevo. Entre 2008 y 2010 se movilizó una suma equivalente al PIB de España para rescatar a los bancos europeos. ¿Por qué no poner en marcha los mecanismos europeos para financiar la reconversión de los sectores más perjudiciales para el medio ambiente?

La transición será apoyada por los ciudadanos europeos si trae consigo justicia social y progreso. Este es uno de los retos de la COP 24 de Katowice que tendrá lugar en diciembre: Europa dispone de los instrumentos necesarios para gestionar la dimensión social de la transición. Debe tener además la voluntad política, y el CESE estará de su lado.

Para saber más:

► Rudy De Leeuw, miembro del CESE, Presidente de la Confederación Europea de Sindicatos (CES) y ponente del Dictamen de iniciativa NAT/735 del CESE sobre un Pacto Europeo de Financiación Climática.