Un premio para siempre

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Estrasburgo (EuroEFE).- Tres décadas después de crearse el Premio Sájarov a la libertad de conciencia, el comportamiento de la líder birmana Aung San Suu Kyi ha llevado al Parlamento Europeo (PE) a abrir el debate sobre la posibilidad de retirar el galardón a los premiados que decepcionen.

El reglamento del Sájarov no tiene un procedimiento para revocar el premio ni en la Eurocámara hay una mayoría suficiente a favor de introducirlo, a juzgar por las opiniones recabadas por Efe entre sus distintos grupos.

“Birmania es un país de muchos pueblos, opiniones, religiones y razas. Debemos unirnos todos y crear unidad de la diversidad”, dijo Suu Kyi a los eurodiputados en octubre de 2013, cuando acudió a agradecerles el galardón que le habían concedido 23 años antes, estando ella bajo arresto domiciliario.

Suu Kyi no parece incluir entre las pueblos y religiones de su país a los rohinyás musulmanes -considerados apátridas en Birmania- que, expulsados por una campaña militar desde agosto pasado, han llegado por cientos de miles buscando refugio en la vecina Bangladesh.

Refugiados rohinyás cruzan la frontera entre Birmania y Bangladesh a través del río Naf. Imagen del 9 de octubre de 2017 (Foto: Abir Abdullah EFE/EPA) 

 

La líder proseguía en aquel discurso: “esperamos que estaréis con nosotros para advertirnos nuestros errores”. Pero hasta ahora ha hecho oídos sordos a las peticiones, también del PE, de que detenga la represión de los rohinyás.

“Es hora de que el PE revise el estatuto del premio y le introduzca cambios”, opina el eurodiputado estonio Urmas Paet, del grupo de los liberales ALDE.

“Debería ser posible revocar el premio si la persona que lo obtuvo se comporta más adelante, por acción u omisión, de forma diferente a lo que prevé el estatuto de este premio de derechos humanos”, propone.

El pleno del PE del 13 de septiembre pasado recordó a Suu Kyi que el Sájarov se concede a quienes defienden los derechos humanos y protegen a las minorías y llamó “la atención sobre la necesidad de estudiar” si el premio “puede ser revocado en caso de que el galardonado infrinja dichos criterios después de haberlo obtenido”.

Para la española Estefanía Torres, del grupo Izquierda Unitaria, los derechos humanos deberían ser el centro de la política europea, “con lo cual no se puede dar ningún premio a nadie que no los cumpla”.

“Pero si, además, te doy un premio porque se supone que eres ejemplar para esto, lo que no puede ser es que luego te desvíes completamente del camino”, agrega.

¿Tendría Suu Kyi que devolver el premio?

El rumano Cristian Preda, del grupo conservador PPE (que domina la Eurocámara), explica que “el PE se ha pronunciado en esta materia y no hay una mayoría que pida” a Suu Kyi devolver el galardón.

“Hay parlamentarios que son muy críticos porque consideran que Aung San Suu Kyi no ha seguido la línea que se le imaginaba. Pero hoy en día, cuando se habla, no hay una demanda del PE para (que tenga) ese gesto”, asegura.

“Además, no tenemos un procedimiento para retirar un premio a alguien galardonado”, recuerda.

 

 

La misma fue la respuesta del Comité noruego del Nobel: sus estatutos no prevén la retirada de uno de sus premios y el laureado lo es por sus acciones anteriores a la obtención del galardón. El comité se abstiene “por principio” de comentar lo que puedan “hacer o decir después”.

Suu Kyi recibió Premio Sájarov en 1990 y el Nobel de la Paz en 1991, cuando la hoy líder de facto de Birmania (Myanmar) sufría cárcel por oponerse a la junta militar gobernante.

Otros laureados con el Nobel de la Paz se han sumado al coro de voces internacionales para que le retiren el galardón a Suu Kyi.

“No hay procedimientos” para retirar un Sájarov, abunda el eurodiputado italiano Pier Antonio Panzeri, del grupo de socialistas y demócratas en la Eurocámara.

“Puede haber -añade- opiniones personales. Sin duda, creo que la crítica internacional a la actitud de Suu Kyi debería permitir una verificación de si este premio que ha recibido corresponde con la práctica cotidiana en la acción de su Gobierno”.

Un símbolo de la libertad

A falta de una mayoría que pudiera llevar a enmiendas en el reglamento del premio europeo de derechos humanos más importante, algunos eurodiputados excusan a Suu Kyi porque “no tiene las manos libres, no es la única responsable” en su país, donde “la influencia de los militares es extremadamente poderosa”, como destaca Preda.

El eurodiputado del PPE admite, al mismo tiempo, que el Gobierno de Suu Kyi está dando respuestas “muy ambiguas” cuando se le ha conminado a proteger a los rohinyás, a los que el Ejército birmano está dejando tierra quemada en lo que fueron sus hogares.

Pero Preda subraya: “Ella no ha recibido el premio como defensora de minorías. Ella recibió el premio porque luchaba por la libertad (…) Ella era y sigue siendo, yo creo, un símbolo de la libertad política”.

“Ahora, su incapacidad de gestionar este problema, por supuesto, preocupa. Pero creo -pide- que debemos intentar antes resolver la crisis humanitaria” creada por el éxodo de los rohinyás.

Monitorear a los premiados

El de Suu Kyi ha sido el caso más notorio y criticado de galardonado que decepciona.

El Sájarov también recayó en 1991 en otro disidente político, el albanokosovar Adem Demaci (1991) que, con el paso del tiempo, pasó a liderar una guerrilla y a rivalizar con el pacifista Ibrahim Rugova, presidente de Kosovo y laureado él mismo con el premio del PE, en 1998.

Pero no hay consenso entre los eurodiputados en que una solución pudiera ser evitar conceder el galardón a políticos disidentes. Este año, el Premio Sájarov ha recaído en ocho figuras de la oposición de Venezuela -líderes políticos, alcaldes y activistas-, siete de ellas en prisión.

“Es una sugerencia interesante, pero no podemos dar el premio siempre a la memoria” de alguien, dice Panzeri.

“El problema principal es verificar si hay una coherencia efectiva en el premio. En el caso de Suu Kyi ha creado algunas contradicciones pero en otros casos -destaca- ha sido un premio importante porque ha permitido, de forma sustancial, llevar luz, libertad y derechos a determinados países”.

Una mayor monitorización de los galardonados sí le parece al eurodiputado italiano “absolutamente indispensable, porque la actividad del PE no puede acabar con la entrega del premio”.

“Hay que revisarlos todos. Cualquier premio que se dé de este tipo… es necesario que se revise si hay un cumplimiento de los derechos humanos”, demanda la española Torres, que censura que la Eurocámara haya optado en 2017 por “tomar parte por una de las partes” en Venezuela.

Para Paet, un seguimiento especial no es necesario pues comportamientos como el de Suu Kyi trascienden, ni tampoco es buena idea que en el futuro queden descartadas las candidaturas políticas al Sájarov: “Los políticos en activo son también -destaca el eurodiputado estonio- los que pueden marcar una diferencia en lo que respecta a la situación de los derechos humanos aquí o allá”.

Por Marta Merino y Julia R. Arévalo

 

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